Ilusión

lunes, 24 de diciembre de 2012

Miradas

«Ten cuidado que pronto pasarán los gitanos por el pueblo. Nada de salir a la hora de la siesta, pues se aprovechan de que no hay nadie por las calles y con una mirada basta para que te roben, como se han robado a los niños de otros pueblos».
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No creí que podría alcanzarlo, pero lo corrí y alguien me ayudó en el instante supremo.
Y aquí estoy en el furgón de cola, agitado y feliz, disfrutando de un pucho mientras miro a mi alrededor: somos cuatro los tipos. Y una gitana.
El de gorrita duerme la mona en el piso; otro, sentado con las piernas colgando del pequeño y cambiante abismo, disfruta de su música y del viento que le remueve los pelos. El de corbata y chaleco lee algo de parado, ajeno a todo. Y ella: sentada de cuclillas frente a mi.
La miro de vez en cuando, fugazmente; aunque no lleva el pelo cubierto, se la reconoce por sus rasgos, su ropa brillante y un escote que no sufre de vergüenzas; es muy atractiva, quizás por lo maravillosamente joven. O tal vez por sus cejas de redondez perfecta y unos ojos oscuros que, certeros, devuelven mis miradas obligándolas a huir hacia paisajes que no ven.
De repente, meneando la pollera colorida y sin importarle nada, se levanta, viene decidida y se ofrece a leer mi destino. (El del libro me mira de reojo, el que va colgado se da vuelta a ver que pasa y el que estaba dormido vuelve a acomodar la gorra en su cara luego de observar la escena).
Quiero decirle que no, que no creo en esas cosas, que no tengo un mango. Pero ya tiene mis manos temblorosas entre las suyas, pequeñas y firmes.
Se queda callada una eternidad, mirándolas como se mira el mapa de un tesoro; al fin, alzando la vista y robando todo el aire que me rodea, narra secretos que el ruido del tren y los latidos que me atormentan no me dejan escuchar. Sólo llego a intuir, o leer en sus labios, un «…vivir tus sueños para ser feliz».
Luego acerca su boca a mi oído y susurra en un grito:
«Me bajo en la que viene… ¿me das un cigarrillo?». Se lo doy, e intento encender también el mío. Y ella que sigue inundándome con sus ojos.
Nos quedamos mudos. Fumando. Mirándonos y viendo la estación que se acerca y va quedándose inmóvil.
El tiempo pasa veloz mientras miramos el río multicolor que desciende, se mezcla y arremolina con otro que sube al tren que ya comienza a despedirse lento.
Un pitido largo y ella que se baja suave, como un pañuelo robado por el viento. Camina en el sentido del tren, sin dejar de mirarme.
Por un instante pienso en saltar...
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De pronto se detiene y mira, indiferente, hacia otro lado.


martes, 6 de noviembre de 2012

Domingo

Cierro los ojos y la dicha me inunda en la tarde soleada: dejo  entrar a los pájaros, a la lejana radio que grita un partido y al incansable viento que, como un niño, juega con las hojas.
(Como un memorioso contrapunto aparece también la voz imaginada. Y su risa).

viernes, 21 de septiembre de 2012

Primaveras

Hasta que un día, igual a este, el otoño entró en mi corazón.

domingo, 26 de agosto de 2012

Plegaria


"Si el amor que decía profesarme era cierto, que jamás yo me entere. Y que ella nunca sepa cuanto la quise; cuanto la sigo queriendo".

domingo, 12 de agosto de 2012

Elecciones

La foto de una pareja en el diario.
El, un príncipe saudí que mas allá de su impecable túnica blanca resultaba ser un hombre nada atractivo. Ella, una joven digna del mejor certámen de belleza.
Y aunque estaban juntos, la lejanía era infinita.
Inevitable no preguntarse si una vida en primera clase justifica pagar el altísimo precio de desperdiciar toda una existencia, maravillosa e irrepetible.
(Al menos las prostitutas, en tanto y en cuanto ejerzan su oficio por propia decisión, poseen la libertad de amar y ser amadas realmente fuera del teatro en el cual representan sus funciones todos los días....).

jueves, 26 de julio de 2012

Carrusel

Una valija vacía de sueños. La estación del subte que el tiempo renombró. Una calle; y en la calle un árbol de hojas amarillas. La taza, ahora inmóvil, nostálgica de aromas perdidos. Una canción que me devolvió a la vida y me condujo a la tristeza. Un colectivo y una moneda de cinco que siempre me sobra y guardo. El sencillo pueblo que conozco; la imponente ciudad que no. (comparten el mismo nombre).
Un repetido espejismo que me hace acelerar el paso.
Y el cielo, eterno imán para mis ojos, invitación y a la vez presagio.

Una valija...


sábado, 30 de junio de 2012

Causa y efecto

Y si.
Como dice este buen amigo: "si alguna vez te tropiezas con un yunque en la oscuridad, comienzas a tenerle miedo. A ella".

viernes, 15 de junio de 2012

Aforismo


“Como el anochecer entre los árboles silenciosos, mi tristeza, callándose, callándose, se va haciendo paz en mi corazón"
                                          Rabindranaz Tagore

martes, 3 de abril de 2012

La otra

Quise a la que inventé.
A la que fuiste.
A la que dijiste, y deseaste, ser.

A esa otra sigo amando.

martes, 14 de febrero de 2012

La tristeza de Ulises

Dicen que, de toda la antiguedad, el mas valiente de los hombres fue uno que se hizo llamar Ulises.
Pero el vencedor de Troya jamás logró vencer a su corazón rebelde, herido para siempre por la pérdida de la bella Calipso, aquella niña de pelos ensortijados a la cual amó en su increíble viaje de regreso.




domingo, 5 de febrero de 2012

Un lugar

No puedo ser indiferente a nada, pensaba, mientras salía curioso a ver que avión sobrevolaba mi casa.
Y así me sucede con todo.
Anoche, sin ir mas lejos, conocí a tres personajes de esos que no se encuentran todos los días.
Una colombiana que está intentando encontrar su vocación mientras trabaja en Buenos Aires y viaja a dedo por el país... y mas allá también. Porque fué, con ese económico medio de transporte, hasta Tarija, en Bolivia, país que me recomendó ampliamente. Lo mas hermoso que conoció? Muchas cosas, pero me destacó las historias, que se van hilvanando, perfectas, de tanta gente buena que sigue habiendo por el mundo.
El chileno? Cocinero de los buenos. Y a mi que me gusta mucho lo que regala el mar! Ahí va luchando con su pequeño restaurante, un poco alejado de la mejor zona, pero en el cual me sentí como a las orillas mismas del Pacífico.
El tercero es argentino. Un estudiante de sociología de Santa Fé. El viajero mas audáz e impertinente que he conocido. Dese Nueva York a Amaicha del Valle, pasando por San Pablo u Okinawa, son infinitas las anécdotas de este personaje que detesta la tecnología y al cual conocí justamente porque necesitaba hacer uso de ella...
Toda esta riqueza, curiosidad y alegría la encontré en un lugar donde también trasnochan mis propios recuerdos: San Telmo.