Ilusión

viernes, 25 de octubre de 2013

Intemporal

Muchas veces me he preguntado cómo serían los sentimientos amorosos que unían a las mujeres y hombres de otras épocas en las cuales los conceptos socialmente aceptados de bondad, de justicia, de intimidad o de respeto diferirían sustancialmente de los actuales.
En qué medida cabría mostrarse vulnerable ante los sentimientos?
Cómo influenciaría el rol secundario de la mujer en las relaciones?
Ante otras imperiosas necesidades: cabría lugar para el goce, las dudas, el dolor y la ensoñación que provoca el amor?
Esta poesía del siglo XV me trae todas las respuestas:

La prohibición
Un poema de John Donne



Recuerda al menos que te lo he prohibido;
No es que compense mi derroche de sangre y aliento
Con tus lágrimas y suspiros,
Siendo contigo como tú fuiste para mí;
Pero es tanta la alegría que nuestra vida goza,
Que a menos que tu amor se frustre con mi muerte,
Si me amas, cuídate de amarme.
Cuídate de odiarme,
O de triunfar con exceso en la victoria.
No es que quiera defenderme,
Y devolver odio por odio,
Mas perderás tu hábito de conquistador,
Si yo, tu conquista, perezco bajo tu odio.
Entonces, para que mi nulidad no te disminuya,
Si me odias, cuídate de odiarme.
No obstante, ámame y ódiame,
Para que estos extremos se neutralicen;
Ámame, y podré morir de la manera más dulce;
Ódiame, pues tu amor es demasiado para mí;
O deja que ambas cosas se marchiten, y no yo,
Que siendo tu escenario, viviré sin triunfar,
No sea que destroces tu amor, tu odio y a mí mismo,
Para dejarme vivir, oh ámame y ódiame..