Ilusión

martes, 14 de octubre de 2014

Instintos

Siento una instintiva atracción por algunos perros vagabundos.
Me refiero a esos que andan por ahi, a cuestas con su rebeldía; ganándose la existencia con picardía, inteligencia y mucha dignidad.
Una mañana en la que salí a buscar las imágenes que me prepara la naturaleza, me topé con un trío de esos canes los cuales, debido a su tamaño, me inspiraron bastante respeto. Los traté como es debido: moviéndome entre ellos como uno mas y con cierta indiferencia. Pero así y todo el que parecía ser el líder me siguió calladamente mientras yo inventaba caminos entre piedras, barrancos y espinas. Anduvimos juntos un buen rato hasta que al fin, harto de tanto abrojo y locura, se detuvo y se quedó observándome hasta que desaparecí de su vista.
A la tarde, ya muy lejos de aquel lugar y mientras preparaba un fuego al lado del río, me sorprendió la llegada silenciosa del grupo perruno. Se echaron cada uno por su lado, dedicándose a observar mansamente mi quehacer desde una prudente distancia y ayudándome luego con los restos del asado que devoré.
No hubo ni atisbo de peleas entre ellos; ni pedidos extras; ni muestras exageradas de agradecimiento.
Fué sólo echarme en la arena para hacer la siesta luego del inevitable vino, que mi compañero de la mañana se acercó para hacerme compañía.
(No pude, no supe y no quise decirle que estaba bastante grande y pesado para dormir con su cabeza sobre mi panza).