Ilusión

domingo, 30 de octubre de 2011

El rostro de... Tracy

No me canso de ver "Manhattan". Y la escena donde Woddy Allen se responde acerca de las cosas por las cuales vale la pena vivir se me antoja una de las mas bellas y lúcidas interpretaciones acerca del amor.

lunes, 17 de octubre de 2011

Fotos

Ayer recibí un buena noticia: seleccionaron una foto mía para participar, junto a otras 49 semifinalistas, en un concurso que organiza una "tarjeta de crédito conocida usualmente como la que nunca hay que dejar al salir".
"Ésta será proyectada (junto al resto de las fotos semifinalistas) en el stand que estará en Buenos Aires Photo 2011 del 26 al 30 de octubre".
Es la primera vez que me presento a un concurso. Y en este hubo cerca de 4,000 fotos. Supongo que para un aficionado... no está mal.
Es que he ido, y sigo yendo por la vida, con una cámara en los ojos, y un SD de sólo 10 megas (porque pronto las olvido) en la cabeza. Pero algo queda.
Puede que mi mente, con tan poco espacio, las vaya descartando... pero mi corazón se nutre de todas ellas. Almacena, en un perfecto arcoiris, atardeceres, miradas, estrellas, mercados y aldeas. Puertos, niños, estaciones. Azules y verdes. Fuegos y nieves. Sonrisas. Ríos. Tormentas. Montañas y pieles. Primaveras. Pájaros. Ciudades.
Y, también, blancos y negros.














PD: no. Esta foto es otra historia; la del concurso ha estado, desde el principio, en este blog...

domingo, 16 de octubre de 2011

Pintura

Paseó lento por el recinto inmaculado. Las mujeres lucían refinadas y frías. En cambio los hombres eran modelos de cartón barato, con el triste destino de lucir relojes caros.
No le importó el arte. Sí la indiferencia de esa morocha distinta; la de espaldas a todo, excepto a la pintura.
Absorta. Con la grácil copa de champagne engarzando su perfecta mano.
Decidió acecharla con la simple estrategia de observar el cuadro.

La pampa en su última luz. Un ojo de agua gris y el horizonte ávido de tormentas.
Cercanos, dos indios arrancando un galope inesperado de crines y músculos; de gritos y lanzas.
Y en sus rostros torvos una lejana, salvaje sensualidad.


La noche agonizaba cuando despertó inquieto.
Aún le daban vueltas las burbujas, el cabello negro, la fingida resistencia y la larga cabalgata.
Ella dormía sosegada por el fragor de la dulce lucha. (Recuperó de entre la penumbra su perfil olvidado).
Luego él se levantó con sigilo, invitado por el alba que se desperezaba. Corrió la vidriada puerta y salió desnudo al mangrullo de cemento y metal y miró la ciudad que ya se movía insolente abajo.
Cobijó el breve fuego; disfrutó del tabaco. Un viento sur le trajo nostalgias de campo, de estrellas y de aguadas.
Volvió a entrar.
Y ella ya no estaba… 

domingo, 2 de octubre de 2011

Sonrisa

Mi auto no era un gran auto y mi cara tampoco pero ella me miró sonriendo al pasar desde esa vereda donde está la tintorería y entonces en la esquina me animé y bajé y la encaré con el ánimo que me daba su sonrisa que era una invitación para que me animara a encararla y al rato ya instalados frente al Parque Lezama hablamos mucho de nada y lo único que supe fue que tenía novio y que tenía unas tetas increíbles y que besaba como si el susodicho la tuviera en huelga de besos desde el mismísimo día de su nacimiento pero ella no quería que yo siguiera avanzando a pesar de que mis manos me pedían suplicaban y ordenaban que ensayara todo lo que había escuchado mas todo lo que había aprendido mas todo lo que ese día pudiera inventar para seguir avanzando pero no había caso y mientras se hacía tarde para llegar a la oficina imaginaba a mi jefe preguntando porque no estaba para la reunión del mediodía así que no quedó otra que acercarla al 39 porque ella iba para Palermo y aunque mi cara de Navidad sin juguetes contrastaba con su sonrisa que seguía ahí como si nada de pronto pasamos frente a un telo de mala muerte y sin pensarlo ni pedir permiso ni dar explicaciones pegué un volantazo encontrándome a los cinco en una habitación llena de encantadoras luces rojas que nos envolvían junto a la primaveral fragancia de un desodorante barato y mientras ella se desnudaba me seguía sonriendo y yo mucho mas porque estaba recontrarequetebuena y así al cabo de dos horas la dejé feliz en Plaza Serrano regresando a mil para el Centro con su número de celular en mi bolsillo e imaginando un placentero futuro ausente de compromisos subí corriendo a la reunión y mientras iba marcando ese número mágico adivinaba su sonrisa hasta que me respondió la voz cansada de un hombre mayor.