Otra vez un auto que, como el caballo que conoce bien su camino, me conduce de regreso. También la noche es parecida a otras y no distingo si voy por Río Churubusco o por la General Paz. Pero hay algo seguro: también viajan conmigo esos hermanos queridos que me acompañan junto al recuerdo de ella.
martes, 24 de diciembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
DF (Capítulo XIII)
Como un pulgarcito ya muy crecido, pero igual de esperanzado, voy recogiendo de uno en uno (con la secreta ilusión de encontrarla), los lugares que nos conocieron: mi amado Coyoacán y ese barcito donde desayunábamos; el súper que nos regalaba manjares para el antes y el después; el parque donde otros chicos siguen practicando las mismas marchas militares y este barrio con el departamento que también fue suyo...
Ya de noche subo a una terraza y, viendo las miles de lucecitas que un día me regaló sigo agradeciéndole en silencio, sabiendo que está por allí, alegrando el Universo con su eterna sonrisa y su cabello rojo y ensortijado.
PD: mientras sigo pensando en ella, enciendo la tele y me encuentro con una película, "In The Mood For Love", cuyo guión pude haber escrito.
viernes, 25 de octubre de 2013
Intemporal
Muchas veces me he preguntado cómo serían los sentimientos amorosos que unían a las mujeres y hombres de otras épocas en las cuales los conceptos socialmente aceptados de bondad, de justicia, de intimidad o de respeto diferirían sustancialmente de los actuales.
En qué medida cabría mostrarse vulnerable ante los sentimientos?
Cómo influenciaría el rol secundario de la mujer en las relaciones?
Ante otras imperiosas necesidades: cabría lugar para el goce, las dudas, el dolor y la ensoñación que provoca el amor?
Esta poesía del siglo XV me trae todas las respuestas:
La prohibición
Un poema de John Donne
La prohibición
Un poema de John Donne
No es que compense mi derroche de sangre y aliento
Con tus lágrimas y suspiros,
Siendo contigo como tú fuiste para mí;
Pero es tanta la alegría que nuestra vida goza,
Que a menos que tu amor se frustre con mi muerte,
Si me amas, cuídate de amarme.
Cuídate de odiarme,
O de triunfar con exceso en la victoria.
No es que quiera defenderme,
Y devolver odio por odio,
Mas perderás tu hábito de conquistador,
Si yo, tu conquista, perezco bajo tu odio.
Entonces, para que mi nulidad no te disminuya,
Si me odias, cuídate de odiarme.
No obstante, ámame y ódiame,
Para que estos extremos se neutralicen;
Ámame, y podré morir de la manera más dulce;
Ódiame, pues tu amor es demasiado para mí;
O deja que ambas cosas se marchiten, y no yo,
Que siendo tu escenario, viviré sin triunfar,
No sea que destroces tu amor, tu odio y a mí mismo,
Para dejarme vivir, oh ámame y ódiame..
domingo, 8 de septiembre de 2013
Ilusión
Sigo escribiéndole como un náufrago que arroja botellas al mar, con la tierna esperanza de que alguna le llegue.
No busco que venga a rescatarme; si que rescate lo bueno, lo dulce y lo cierto.
viernes, 26 de julio de 2013
Memoria selectiva
Con el tiempo olvidamos la espina.
Y sólo atesoramos el aroma perdido, la belleza irrepetible y el feliz privilegio de haber tenido esa flor.
viernes, 28 de junio de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
miércoles, 15 de mayo de 2013
Ventana inquieta
Ya saben: voy por la vida con ojos curiosos, asombrados y agradecidos. Y desde un privilegiado mirador contemplo cielos, parejas que se besan, bares somnolientos, flores y oxidadas verjas. Hoy me acompañan dos turistas indiferentes al ladrido de unos perros muy porteños, mientras, incansables, transcurren las plazas, los mercados, las mujeres bellas y las feas (que son igualmente bellas); las puertas gastadas; las nuevas; las amarras y las vías muertas.
Viajo a través del Domingo y de sus fieles; de choripanes humeantes; de puentes y calles que sólo yo conozco, todavía desiertas. Una alameda me agasaja con su tierna lluvia de hojas secas. Y al final me inunda un aroma de atardecer mientras despido al Río que se apaga lentamente.
martes, 5 de marzo de 2013
Ocres
No importa lo que diga el calendario: el otoño ya empezó.
Me conmueve la alfombra de hojas secas que crece por las veredas y la quietud de los árboles que empiezan a encogerse lentamente.
Vieron como la luz se tiñe de ocres? Hasta la nubes están apagadas, pensativas y frías.
Vieron como la luz se tiñe de ocres? Hasta la nubes están apagadas, pensativas y frías.
Pero es mentira lo de la tristeza o la melancolía. Es otro el color de estos felices días.
(También el otoño entra, silencioso, en mi vida).
miércoles, 20 de febrero de 2013
Gravedad
Maravilosas las imágenes del meteorito que cayó en Rusia. La estela inaudita; perfecta. El origen lejano, misterioso. Y un inimaginado, frío y solitario final.
Dicen que llegó hasta nosotros guiado por esa fuerza que gobierna desde la simple forma de unos zapatos hasta los misterios mas insondables del espacio, quizás, infinito.
Y que como dos amantes embelesados e incapaces de romper el hechizo que los domina, la invisible magia de la gravedad también mantiene, distantes y a la vez cercanos, a la luna y a nuestro mundo.
Al igual que las galaxias, las estrellas, los planetas y hasta la sencilla manzana que Newton no comió, también los seres humanos nos sentimos muchas veces atraídos por una fuerza que no podemos manejar y que determina, en muchos casos, la trayectoria de nuestra existencia, rozándonos como cometas que se acercan fugazmente perdiéndose luego en busca de otros mundos; manteniéndonos unidos como la Tierra y su satélite en un equilibrio frágil y eterno, o provocándonos impactos que dejan temblando, para siempre, nuestros frágiles corazones.

Dicen que llegó hasta nosotros guiado por esa fuerza que gobierna desde la simple forma de unos zapatos hasta los misterios mas insondables del espacio, quizás, infinito.
Y que como dos amantes embelesados e incapaces de romper el hechizo que los domina, la invisible magia de la gravedad también mantiene, distantes y a la vez cercanos, a la luna y a nuestro mundo.
Al igual que las galaxias, las estrellas, los planetas y hasta la sencilla manzana que Newton no comió, también los seres humanos nos sentimos muchas veces atraídos por una fuerza que no podemos manejar y que determina, en muchos casos, la trayectoria de nuestra existencia, rozándonos como cometas que se acercan fugazmente perdiéndose luego en busca de otros mundos; manteniéndonos unidos como la Tierra y su satélite en un equilibrio frágil y eterno, o provocándonos impactos que dejan temblando, para siempre, nuestros frágiles corazones.
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