"Puede ocurrir un viernes por la noche o un miércoles al mediodía. A fondo , el estupendo ciclo de entrevistas que en los años setenta condujo el español Joaquín Soler Serrano, irrumpe felizmente en la pantalla chica cuando menos se lo espera. Estos días se emite el programa dedicado a Marcello Mastroianni en 1977. Impresiona descubrir hasta qué punto el modo de referir anécdotas e hilar conceptos de un solo hombre puede expresar la idiosincrasia de un pueblo y el espíritu de una época. Vitalidad desprejuiciada y melancolía, ironía y ternura, gratitud y sensatez destila el discurso del actor a medida que evoca hechos y personalidades que marcaron su propia vida tanto como la historia política y artística de su tiempo. A dos personas reconocía Mastroianni como decisivas en su carrera: Luchino Visconti, en el teatro, y Federico Fellini, en el cine. "Visconti significó la formación cultural. El refinamiento del gusto, de la capacidad de distinguir las cosas nobles de las vulgares, de vivir en un ambiente aristocrático en el sentido de la excelencia. Tal vez si no lo hubiera encontrado no habría tenido la carrera que tuve. Fellini me dio el éxito internacional, pero también algo más importante: fue el primer director, el primer amigo, que amó todos mis defectos; me enseñó a reconocerlos y a aceptarlos ante mí mismo y ante los demás. Visconti era el maestro, al que se ama pero también se teme; Fellini era el compañero de banco, el cómplice con el que uno hace las bromas."
Mastroianni tenía una teoría alla italiana sobre la caída del fascismo. "La gente se ríe cuando digo esto, y la verdad es que lo digo un poco en broma, pero sólo un poco. El principal problema del fascismo fue que mi generación se hizo adulta. Cuando se es niño, marchar sosteniendo un fusil puede ser un programa tan divertido como ir a jugar al fútbol en el terreno de la iglesia; pero cuando uno llega a los 15 o 16 años empieza a tener otras necesidades. Y los fines de semana, única oportunidad que tiene de ver a su chica, ya no le interesa ir a las concentraciones del partido. ¡Al demonio con el fusil, me quedo con la ragazza !"
También tenía ideas propias acerca de la paternidad. Interrogado sobre lo que significaba para él su hija Chiara, entonces de 6 años, respondió: "La juventud. Tener un hijo después de los 50 es algo extraordinario. Yo se lo recomiendo a todos mis amigos. Y si con su esposa ya no puede, búsquese una mujer más joven, después todo se acomoda. La esposa aprende a amar: un niño vence siempre, les gana a todos".
Sobre el final llegó una pregunta que con los años se ha ido convirtiendo en uno de los clisés del periodista desorientado: ¿qué es lo que le falta conquistar al hombre que lo tiene todo? Mastroianni pensó un momento y respondió con una sencillez conmovedora: "El respeto profundo de mí mismo. Eso no lo tengo. Porque cuando un hombre tiene la fortuna que tuve yo de ser exitoso haciendo lo que le gusta y estar rodeado de gente que lo quiere, tiene la obligación de no conformarse e ir más allá. De tener el coraje de esforzarse por ser mejor. Y yo ese coraje lo tuve como actor pero no como hombre. Ya ve, no es tanto lo que he conquistado".
