Andan siempre por el fondo, buscando flores o refrescándose fugazmente en el estanque. Cuando quise levantar una escoba caída, la ofuscación de una que estaba descansando allí fue mayor que su instinto de supervivencia...
Qué manera de blasfemar! No sabía ni como ni donde resguardarme del dolor. Pero (el tiempo todo lo cura) logré reponerme.
Hoy volví a ese lugar que me acerca a lo mas esencial. Y, como en tantas otras ocasiones, había una abeja chapoteando ya sin fuerzas, resignada a morir en el agua.
Dudé durante un instante, temeroso y aún herido por la reacción de su compañera. Y, como siempre, busqué una pequeña rama y le brindé mi ayuda salvadora.
Dudé durante un instante, temeroso y aún herido por la reacción de su compañera. Y, como siempre, busqué una pequeña rama y le brindé mi ayuda salvadora.