Como un pulgarcito ya muy crecido, pero igual de esperanzado, voy recogiendo de uno en uno (con la secreta ilusión de encontrarla), los lugares que nos conocieron: mi amado Coyoacán y ese barcito donde desayunábamos; el súper que nos regalaba manjares para el antes y el después; el parque donde otros chicos siguen practicando las mismas marchas militares y este barrio con el departamento que también fue suyo...
Ya de noche subo a una terraza y, viendo las miles de lucecitas que un día me regaló sigo agradeciéndole en silencio, sabiendo que está por allí, alegrando el Universo con su eterna sonrisa y su cabello rojo y ensortijado.
PD: mientras sigo pensando en ella, enciendo la tele y me encuentro con una película, "In The Mood For Love", cuyo guión pude haber escrito.