Ilusión

sábado, 30 de julio de 2011

Inesperado

¿Y este sol desconocido muriéndose en el horizonte?
La brisa acerca el último grito de las gaviotas.
Apagándose, exhausto de tanto viento, un velero regresa a su guarida. 
Mientras, las olas se despiden con besos furiosos de unas tristes rocas.
La arena y el cielo se inundan de rojos.
El fin está cerca. Un instante más…
¡Ya!
(Me estremezco al sentir que Alguien dicta el fin de otro día).

Nunca imaginé este regalo, generoso, del Pacífico.



viernes, 29 de julio de 2011

Deseo

Como una carambola perfecta hoy me llegó esto: "Tranquilidad en el corazón, transparencia en las relaciones y alegría en la mirada es lo que deseo para nosotros".

lunes, 25 de julio de 2011

Día de lucha

Entró apurado. Recogió los carteles, las banderas y el aerosol.
Y ya en la calle se encontró con sus compañeros, también militantes. Ella ese día no estaba; habían discutido. Pero no de política.
Y habían decidido cortar.
A él, un duro acostumbrado a las discusiones, refriegas y noches de fogata y frío, lo vencían los celos. No podía con ese sentimiento que lo doblegaba. Y las reuniones tardías de su compañera en el gremio liderado por un antiguo amante, lo sublevaban.
La noche anterior, y en el momento sagrado de abandonarse a todo, ese tal Víctor se interpuso entre su piel y la de ella. No tardaron nada los reproches, los gritos, el llanto y su intempestiva decisión de no seguir.
Pero ella decidió esta vez morderse la lengua y el corazón. Calló otra explicación de cosas que no necesitaban explicarse. (Era muy difícil luchar contra tanto fantasma).
Caminando rumbo al sitio acordado, cada paso de él era un golpe sobre el asfalto indefenso. Nadie le hablaba a ese rostro de hierro que ese día no le hablaba a nadie.
Y aunque la policía, los bastones y los perros estaban cerca, esta vez la lucha despiadada se libraba en su interior.
Dobló en la esquina de siempre, pero no quiso reprimir el volver a esa ochava tan virgen de pintadas, enmarcada con unas flores de ceibo que resaltarían cualquier consigna.
Desenfundó el aerosol, lo agitó, y con mayor convicción que nunca escribió: «GISELA, TE AMO».