Ilusión

sábado, 15 de noviembre de 2014

Pesadilla

Me acabo de despertar soñándola nuevamente.
Pero esta vez estaba seria. Distante. Intentando ser, o siendo, indiferente.
Y esa actitud me dejaba inmóvil, con las ganas por el piso.
Es que desde siempre mi deseo estuvo atizado por su mirada; sin ese divino motor no habríamos inventado mágicas cabalgatas a través de llanuras de algodón multicolor, ni quemado oscuridades con los ojos llenos de fuego. (Tampoco mi cabeza hubiera tenido esos benditos chichones, producto de golpearme con el cielo una y otra vez). 

Esta noche, definitivamente, no quiero dormirme.











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