Este domingo volví al campo y busqué ansioso una tranquera que había descubierto tiempo atrás. Aparté malezas, anduve por senderos casi borrados (o tuve que inventarlos), me llené de tierra y de abrojos hasta que volví a encontrarla. Y con esa mezcla de embriaguez, abandono y felicidad que te provocan algunas cosas de la vida, me dediqué a fotografiarla una y otra vez; a saciar mis ganas contenidas.
Ahora ya solo, editando y recordando, me llega una lejana nostalgia del aroma inconfundible de esa tarde en la que rumoreaban los pájaros Y del sol regalándome su última tibieza llena de mágicos colores.
Y con la excusa de esta pasión, o con motivo de ella, ya estoy soñando en regresar.
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